miércoles, 6 de marzo de 2013

Alma de cántaro.

A la voz de ¡arrr!, pinche guey.
Pero nada, no obedece. Su voluntad no se bloquea, ¿porque fuma tronchos?, ¿porque su emisora está encriptada? Sea cual fuere el motivo este muñequito ha salido desobediente y díscolo, no hay quien lo meta en vereda. Prefiere seguir comiendo mijo a comer de la mano del cacique, o como diría Sánchez Gordillo, de la mano del cortijero. Y es que ni a la mano negra le teme, ni al sindicalismo vertical de Rita Barbera, con su CSIF de gorilontes fascistas, ni a las nominaciones Honoris Causa de todos los presidentes bananeros -Rajoy, Aznar-, con sibilaciones de esperma en la boca mientras veneran al presidente de la CEOE, o a la Coferencia Episcopal, o la Cope, o Intereconomía o maldigan el aborto o saquen a pasear su homofobia recalcitrante
Aunque la misera vulnere sus dientes, aunque la estrechez vitupere su ropa, su alquiler y sus zapatos no obedece ninguna orden: antes muerto que cura o policía. Y la vida pasando como quiere. ¡Viva México, pendejos! 

domingo, 10 de febrero de 2013

Óscar Fariña el gaucho cumbiero

Corriendo por entre los versos de este autor, hijo de una mucama paraguaya y orgulloso de una marginalidad consciente, me encuentro con una genial re-creación actualizada de un libro del que como dice el propio autor todo el mundo habla, pero nadie ha leído: El gaucho Martín Fierro. Los cinco días de espera del envío desde Buenos Aires hasta Cádiz -no tiene distribución en Europa su obra- y la factura en pesos argentinos dentro del volumen, hacen si cabe más humano y cercano todo el proceso autor-lectores, sin intermediarios, para tener el privilegio de leer una de las voces poéticas más vigorosas de las letras hispanas actuales. Su texto escrito en jerigonza suburbana incluye un glosario para oídos extranjeros, que además de aclarar contenidos sirve de actualización futurista del idioma de José Hernández. La pobreza, la misma. El frío de la cárcel el mismo. Y los mismos miserables y los mismos policías corruptos. Por ello más que una recreación de un clásico es una actualización de la repetida realidad de los seres sin más salida que la violencia. Los olvidados de cualquier rincón de América que sobreviven como inmigrantes en su propio país. Espero que pronto su libro esté en todas las librerías y lo lean los niños, las abuelitas y los ministros de cultura. Suerte al autor.

Óscar Fariña. El gaucho Martín Fierro. Ed. Factotum.  
I.S.B.N : 9789872457952

miércoles, 25 de julio de 2012


Detrás de aquellas lentes había una vieja mirada de zorro siberiano, un mostrar de colmillos incipiente que alertaba a la posible competencia rival de su sagacidad y de su astucia mezquina y parsimoniosa. En la estación de cercanías, agazapado detrás de un anaquel publicitario, pasaba desapercibido para evitar ser observado y previsible y en cuanto el andén se ocupaba de pasajeros en su rostro se dibujaba una extraña mezcla de victoria anticipada y de desasosiego. Los nervios de una situación cotidiana en la que tenía que cursar con una competencia de extraños exacerbaban su motricidad y se colocaba en posición de ignoto espía, como al acecho de una próxima víctima. Y en efecto allí estaban esos desconocidos que hablaban una lengua babélica, camino de la universidad o de algún trabajo mal retribuido, o sencillamente rondando las oficinas del centro para entregar currículos o para realizar un infructuosas entrevistas de trabajo. Pero él, solo él, tenía en su bolsillo la llave de un futuro alentador, la salida de esa miseria de cafés de metro y de colas interminables para acabar en un puesto de trabajo de mierda, fregando retretes o preparando eventos como azafato a tres euros la hora. Aquello iba a acabar para siempre, disuadido como estaba de que la honradez y la moralidad no llenaban la cesta de la compra, ni daban siquiera para tomar unas birras con los amigos y seguir siendo un esclavo de la miseria. Si como decía la célebre frase de aquel filósofo taoísta todo rico es un ladrón o el descendiente de un ladrón, y él no tenía antepasados, antecedentes ni predecesores ilustres en el mundo de la riqueza ni del latrocinio, era evidente que debía iniciar por sus propios medios una nueva estirpe de héroes modernos, sin miedo a la ley, ni a la moral dominante y sobre todo sin miedo al dolor ni a las posibles consecuencias de un error o fallo de cálculo. En su bolsillo llevaba un nombre y una dirección que le sacarían de aquel atolladero con solo mostrar un poco de sangre fría, esa que había desarrollado después de tantos lustros como ilustre contribuyente de las colas del puto desempleo.

jueves, 3 de mayo de 2012

Zombies en Rajoiland

I.
Compromiso. Situación comprometida. Libertad a los redactores de la nueva ley de recortes en compromiso. Oh señor, me han recortao la ayuda en muletas y ahora tengo que ir con las rodillas sin prótesis a la Salvation Army a pedir comida en un carrito de bebé impulsado con energía eólica, que está mu caro el combustible. Me cuelgan los mocos porque no tengo dinero para kleenex ni para lavadoras ni micropollas que calientan el sobre de té sin agua, porque no tengo dinero para pagar a aqualia, ni detergente, y me cantan los alerones porque rexona sí te abandona si no tienes dinero. Me fui a vivir con un cocodrilo; todo es más metodológico desde este momento: el tiburón se come al atún y el boquerón paga los impuestos.
II.
El vino en tetrabrik, el tabaco en colillas, la comida vomitada -está más calentita-. Me crujo un estertor en la parte central trasera y me he cagao,  como Walt Whitman, en los pantalones. Sin dinero para dientistas, con caries en las uñas de arañar la calle y de ser arrastrao por las manifas del Banco central Europeo, donde todo está limpio y todo es mejón.
III.
Todo está lleno de superhéroes: he visto al hombre lobo, al perrito de The artist dando cortes de manga. Una vieja se quita las bragas para hacer una sopa prodrida, esos que buscan en la basura tesoros alimenticios, un bombero suicida y los niños cabrones, hartos de comer basura industrial, bien nutridos, bien ignorantes, con prótesis de platino en los dientes, escupiendo a sus amigas, que también gargajean en lugar de hablar. Menos mal que nunca tuve hijos.
P.D. Hay algo raro flotando dentro del vino.

lunes, 2 de enero de 2012

Crema de puerros fría


Estamos en manos de esos extraños. Controlan nuestros movimientos, nuestros deseos, nuestra desgracia. Lo saben todo de nosotros.  Dónde repostamos, dónde compramos la prensa o dónde tomamos un café. Conocen nuestras debilidades patológicas, nuestros instintos más perversos y nuestro horario laboral. Tienen en su poder tus cuentas bancarias, la marca de tu ropa interior, tu seguro de vida y la marca de tus antidrepresivos. ´
Están por todas partes, agazapados y silenciosos como insectos que devoran la carroña de nuestros sueños. Están detrás de ese Papá Noel -cabrón-, detrás de esa empleada sonriente de Carreful, detrás de esas gafas paramilitares que te observan sin movimiento, en las ventanillas de los bancos y las taquillas de cine, en las cafeterías, en los boulevares, en los peajes de la autopista de Jerez, en las bodegas, en las tertulias literarias insostenibles, en la hemerotecas clausuradas, en la papilla de ese niño que llora incansable, en la cándida belleza de esa joven tierna que ejecuta al piano el Ave Maria de Schubert, en los laboratorios de experimentación agroalimentaria de Chipiona, en la Santa Cena, en la casa de Heidi y la de Angela Merkel, en el desayuno de Sarkozy, en los chuches de Rajoy, en el corrector tipográfico del puto Intel-inside, están en el aire y en tu vichyssoise. Son los virus wifi: esos diminutos asesinos.